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Tuesday 26 May, 2026

Las escuelas de negocios ya no pueden ignorar el planeta

Hay una pregunta que las escuelas de negocios han evitado con elegancia durante demasiado tiempo: ¿para qué planeta están formando líderes? La respuesta implícita, construida en décadas de currículos centrados en rentabilidad, eficiencia y crecimiento, ignoró una variable que hoy resulta imposible dejar fuera de cualquier ecuación empresarial seria: el medioambiente.

Los números ya no dejan margen. Según la encuesta global del Graduate Management Admission Council (GMAC) de 2024, más de dos tercios de los aspirantes a programas MBA afirman que la sostenibilidad es importante o muy importante para su experiencia académica. En 2025, ese porcentaje alcanzó el 94% cuando se incluye a quienes la consideran al menos ligeramente relevante, y el 34% de ese grupo descartaría aplicar a una facultad que no la priorizara. Para Joy Jones, directora ejecutiva del GMAC, el mensaje es inequívoco: "Los candidatos esperan que la educación en gestión los ayude a avanzar en el impacto social como parte de sus metas profesionales y personales."

No son idealismos de una generación ingenua. Son las condiciones de entrada al mercado laboral de quienes hoy tienen entre 25 y 35 años, conocen perfectamente lo que está ocurriendo con el clima y han decidido que su carrera no puede ser ajena a ello.

El ranking que nadie esperaba

Cada año, la organización Corporate Knights publica su Better World MBA, una clasificación que evalúa los programas de administración a nivel global por un criterio concreto: cuánto de su currículo obligatorio aborda la sostenibilidad y qué hacen sus graduados después de titularse. Los resultados de 2025, construidos sobre la evaluación de 179 programas, producen una lista que descoloca a quien espera encontrar los nombres de siempre.

Los tres primeros puestos los ocupa la Griffith Business School de Australia por sexto año consecutivo, seguida por la Grossman School of Business de la Universidad de Vermont y la Maastricht University School of Business and Economics de los Países Bajos. Ninguna institución del grupo M7 —ese club de élite integrado por Harvard, Wharton, Booth, Kellogg, MIT Sloan, Columbia y Stanford— aparece entre las mejores veinte en esta dimensión.

Toby Heaps, director ejecutivo de Corporate Knights, resume la lógica del ranking con precisión: "Los cursos son el insumo principal de un MBA y el impacto que tienen los graduados en el planeta es su resultado principal. Si una institución sobresale en esas dos dimensiones, es señal de que está formando líderes integrales de verdad."

Hay casos que merecen atención especial. La Kogod School of Business de la American University, en Washington D.C., es una de las pocas facultades que exige sostenibilidad como parte del núcleo obligatorio de su MBA y escaló 70 posiciones en el ranking de Corporate Knights entre 2023 y 2024, pasando del puesto 82 al 12. El día después de las elecciones presidenciales de noviembre de 2024, su decano David Marchick envió un correo a sus colegas que captura la gravedad del momento: "Si creemos que necesitamos enfrentar la crisis climática, debemos trabajar para construir un mundo más sostenible a través de los negocios, porque el avance en los próximos años vendrá de las empresas, no de los gobiernos."

En Maastricht, los temas ambientales atraviesan el 75% del currículo del MBA ejecutivo. Y en América Latina, la señal también llegó: la Universidad Externado de Colombia saltó del puesto 112 en 2024 al 40 en 2025 en la misma clasificación, una de las subidas más notables de toda la lista global.

El mercado laboral ya tomó partido

Más allá de las convicciones estudiantiles, existe un argumento económico directo. LinkedIn publicó en septiembre de 2024 su Global Climate Talent Stocktake, un análisis de tendencias de contratación en más de 190 países. La demanda global de profesionales con competencias verdes creció un 11,6% entre 2023 y 2024, mientras que la oferta de ese talento aumentó apenas un 5,6%.

La consecuencia para quienes sí poseen esas habilidades es tangible: son contratados a una tasa 54,6% superior al promedio de la fuerza laboral a nivel global. En Estados Unidos, esa ventaja llega al 80,3%. Sue Duke, vicepresidenta de Política Pública y Economic Graph de LinkedIn, es directa: "Cada meta climática está en riesgo si no construimos una fuerza laboral preparada para entregar el cambio que el planeta necesita."

De no revertirse las tendencias actuales, la mitad de los puestos en la economía verde podrían quedar sin cubrir para 2050. Este escenario convierte la formación ejecutiva en sostenibilidad en una prioridad de competitividad, no de filantropía.

El límite del caso de estudio

El método de casos fue la gran innovación pedagógica de las facultades de administración del siglo veinte. Su lógica sigue siendo sólida: analizar situaciones reales, con información incompleta y partes interesadas en conflicto, prepara mejor a los futuros ejecutivos que la teoría abstracta. Pero cuando se trata de sostenibilidad, esa herramienta enfrenta un límite fundamental: es una fotografía, no un sistema vivo.

En la práctica, los desafíos ambientales son dinámicos. Un gerente de operaciones trabaja con una planta que genera residuos hoy, presiones de inversionistas mañana, una regulación que cambia el trimestre siguiente y comunidades que exigen respuestas ahora. Esas variables se retroalimentan y evolucionan de manera constante. Un caso impreso no puede replicar esa complejidad.

Esta brecha pedagógica ha llevado a varias instituciones a incorporar simuladores de negocios especializados en dilemas ambientales. Como exploramos en Educational simulations that raise environmental awareness, a diferencia del caso estático, un simulador coloca al participante dentro de un entorno que responde a cada decisión en tiempo real. Las consecuencias se acumulan. Los errores tienen costo. Y los aprendizajes no los entrega el docente: los revela el propio sistema.

Entre las propuestas disponibles para programas MBA y educación ejecutiva, los simuladores de Eureka Simulations destacan por su capacidad de integrar variables ambientales con lógica empresarial concreta. Lake pone a los equipos al frente de una compañía que opera en torno a un ecosistema hídrico. Cada decisión de producción, descarga o consumo de agua incide en la salud del lago a lo largo de la simulación y, eventualmente, en la viabilidad del negocio. No existe posibilidad de externalizar el costo ambiental de manera indefinida: el sistema lo registra y lo devuelve con consecuencias reales para los resultados financieros del equipo. CO2, por su parte, replica una empresa industrial que debe equilibrar crecimiento y reducción de emisiones bajo un marco regulatorio que evoluciona durante el juego. Los participantes descubren que las decisiones más rentables a corto plazo pueden convertirse en las más onerosas cuando el carbono tiene precio y ese precio sube. Ninguna diapositiva transmite esa lección con la misma contundencia que vivirla en una sala de clases.

Lo que está en juego

El 61% de los jóvenes de la Generación Z afirman querer trabajar en empleos vinculados a la sostenibilidad en los próximos cinco años. Sin embargo, al ritmo actual de formación, solo uno de cada diez contará con las competencias necesarias para lograrlo.

Bard College, en Nueva York, es quizás la referencia más elocuente de lo que es posible cuando una institución decide comprometerse en serio con este objetivo. De sus 62 graduados recientes, 35 trabajan en roles ambientales o en organizaciones reconocidas por sus esfuerzos en esta materia: una tasa de impacto del 56%, la más alta entre todas las escuelas evaluadas por Corporate Knights. Eban Goodstein, fundador de su MBA en Sostenibilidad, resume el mandato del programa sin rodeos: "Necesitamos que nuestros estudiantes salgan a cambiar el planeta a escala, y rápido."

Tim Stonemeijer, graduado del MBA de la Universidad de Exeter y hoy colaborador de la Ellen MacArthur Foundation, la organización dedicada a promover la economía circular, lo dice con la claridad que da la experiencia: "La sostenibilidad no es solo una forma de hacer negocios. Es la única forma."

Las instituciones que comprendan esto primero no solo formarán mejores profesionales. Formarán los líderes que este siglo reclama, con una premura que ya no admite espera.

Si buscas incorporar la sostenibilidad en el aula con rigor y sin sacrificar el rigor empresarial, los simuladores Lake y CO2 de Eureka Simulations están diseñados exactamente para eso: colocar a los participantes frente a dilemas ambientales reales, con consecuencias financieras medibles y decisiones que no se pueden delegar. Disponibles para programas MBA, executive education y formación corporativa.

Diana Gutiérrez

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Diana Gutiérrez is a passionate journalist focused on business education and innovation, exploring how technology is transforming learning and leadership. She manages editorial content for Eureka Simulations and Pro Evaluation System (PES), and holds a degree in Social Communication and Journalism from Los Libertadores University.

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