Cameron Conaway llevaba una década frente a estudiantes cuando decidió llevar su primera simulación a clase. Al prepararse, el profesor de la Smeal College of Business de Penn State se llenó de dudas: ¿y si fallaba el wifi?, ¿y si la plataforma no funcionaba en los computadores de algunos estudiantes?
Ninguno de esos temores se cumplió. Según contó en Inspiring Minds, la publicación educativa de Harvard Business Impact, los proyectos finales de ese semestre fueron los mejores que había recibido en toda su carrera.
Quienes ya dieron ese paso en facultades de negocios, medicina y física dejaron lecciones valiosas para quien empieza. Reunimos diez, respaldadas por docentes e investigadores.
¿Funcionan las simulaciones educativas? Lo que dice la evidencia
La intuición de Conaway tiene respaldo científico. En 2020, investigadores de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich y de la Universidad Técnica de Múnich publicaron en Review of Educational Research un metaanálisis de 145 estudios empíricos, con más de 10.000 participantes, sobre aprendizaje basado en simulaciones en educación superior.
Su conclusión fue contundente: las simulaciones están entre los medios más eficaces para desarrollar habilidades complejas, y el efecto se sostuvo en carreras tan distintas como medicina, formación docente y administración. Hubo un matiz que importa a quien empieza: los estudiantes con poco conocimiento previo aprendieron mejor cuando se les apoyó con ejemplos.
En otras palabras, el método funciona, pero el diseño de la clase decide cuánto. De eso tratan los consejos que siguen.
Cómo implementar simulaciones en clase, paso a paso
1. Elige la simulación por tus objetivos, no por tu asignatura
En Penn State, Conaway dicta Strategic Digital Marketing, pero terminó usando una simulación de estrategia basada en las Cinco Fuerzas de Porter. La razón: cada escenario abría conversaciones sobre lo que esas fuerzas implican para su campo.
Su recomendación es explorar catálogos con calma y sin encasillarse. A veces el recurso más útil vive en otra disciplina.
2. Busca el momento justo dentro del programa
Para agendar la sesión, Conaway fijó tres condiciones. Los estudiantes debían haber entregado su primer gran trabajo, ir por la mitad del libro de texto y no tener entregas importantes la semana siguiente.
La lógica era doble. Tras cumplir un hito, explicó, los grupos suelen llegar con energía y ganas de crear; además, quería tiempo previo para construir un ambiente donde equivocarse no diera miedo.
3. Juega antes que tus estudiantes, desde todos los roles
Antes de su debut, Conaway dedicó muchas horas a la versión de prueba. Leyó la guía rápida y la nota pedagógica, pero lo decisivo fue recorrer la plataforma completa y jugar con cada uno de los seis roles disponibles.
Tomó notas sobre las preguntas de cada personaje para anticipar dudas. Incluso abrió la simulación en distintos navegadores.
4. Siembra expectativa con lecturas y conversación
Durante las clases previas, habló con entusiasmo de lo que venía. Asignó el artículo clásico de Porter publicado en Harvard Business Review en 1979, hizo preguntas sorpresa sobre el modelo y llevó ejemplos de la industria del chocolate, el sector elegido para la partida.
También adelantó la dinámica: equipos de dos personas, cada uno a cargo de una fuerza, compitiendo entre sí. Esa preparación, según su testimonio, disparó la disposición del grupo a llegar con la tarea hecha.
5. Abre con un prebriefing que construya confianza
En la formación en salud, el momento previo a la práctica tiene nombre propio: prebriefing. Jenny Rudolph, Daniel Raemer y Robert Simon, del Center for Medical Simulation vinculado al Massachusetts General Hospital y a la Escuela de Medicina de Harvard, sostienen que su función es crear un "contenedor seguro".
Su propuesta, publicada en 2014 en Simulation in Healthcare, se resume en cuatro prácticas: aclarar expectativas, pactar un "contrato de ficción" con los participantes, cuidar la logística y comprometerse de forma explícita con el respeto. El objetivo no es eliminar la incomodidad, sino lograr que el grupo se atreva a sentirla sin temor a la humillación.
6. Guía poco, pero nunca cero
El equipo de PhET, el proyecto de simulaciones científicas de la Universidad de Colorado en Boulder, realizó unas 250 entrevistas con estudiantes. Wendy Adams, Archie Paulson y el Nobel de Física Carl Wieman encontraron que una orientación mínima, aunque presente, producía la exploración más comprometida y el mayor aprendizaje.
La guía Pedagogy in Action, del Carleton College, traduce ese hallazgo en preguntas abiertas centradas en el contenido y no en los botones. Pedir "define campo eléctrico a partir de lo que observaste" funciona mejor que "¿qué pasa si cambias la frecuencia?"; decir solo "jueguen con esto en casa" tampoco basta.
7. Deja que se equivoquen al principio
John O'Dwyer imparte, junto a Kelly Murumets, GettingItDone, el curso de MBA más premiado de la Rotman School of Management de la Universidad de Toronto. En su versión intensiva de diez días, forma equipos de cinco que gestionan una empresa simulada durante nueve jornadas.
Los primeros días, él y su equipo docente permiten errores en abundancia. Solo después llegan las herramientas de gestión, y los estudiantes perciben el antes y el después dentro de su propia compañía.
8. Califica el aprendizaje, no solo al ganador
O'Dwyer empezó sin poner nota a la simulación, porque la veía como espacio de práctica más que de evaluación. Luego notó que esa generosidad le restaba importancia ante el grupo y decidió asignarle un 10% de la calificación final, suficiente para asegurar compromiso y una rivalidad sana.
La guía docente de la Sauder School of Business, de la Universidad de British Columbia, apunta en la misma dirección. Recomienda equilibrar la nota para que el grupo tome en serio la competencia, sin obsesionarse con el puntaje o el lugar final, y priorizar la reflexión sobre las decisiones y sus consecuencias.
9. Reserva tiempo de verdad para el debriefing
Julie Stanton, profesora asociada de negocios en Penn State Brandywine, escribió junto a Alex Bolinger, de Idaho State University, un libro sobre simulaciones de juego de roles. Algunas de sus actividades duran minutos y otras ocupan varias sesiones, pero en todas sostiene que la conversación final es la herramienta más importante.
Ahí, explica, el docente aporta su mayor valor: sintetiza y contrasta los caminos que tomó cada equipo y abre espacio para la retroalimentación entre pares. De esos momentos, asegura, nace el aprendizaje que perdura.
10. Ten un plan B listo por si falla la tecnología
El último consejo de Conaway es práctico. Si se cae internet o alguien no logra ingresar, conviene tener preparada una clase alternativa a la que se pueda saltar de inmediato.
Y recuerda algo más: si un rol quedó sin probar y surgen preguntas, el docente sabrá resolverlo. La preparación reduce los imprevistos; la confianza en tu oficio hace el resto.
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El miedo de la primera vez dura una clase
Al terminar su primera experiencia, Conaway ya pensaba en cuándo repetirla. Contó que enseñar con una simulación lo sacó del estancamiento y le devolvió el gusto por la docencia.
Ninguno de estos diez consejos exige ser experto en tecnología. Piden algo más sencillo y más difícil a la vez: preparar, acompañar y, sobre todo, reflexionar con el grupo cuando la partida termina.
Preguntas frecuentes sobre simulaciones en el aula
- ¿Cuánto debe durar una simulación en clase?
- No hay una medida única. Julie Stanton (Penn State Brandywine) combina ejercicios breves con otros que abarcan varias sesiones. Cameron Conaway (Smeal College of Business) destinó una clase entera de tres horas, mientras John O'Dwyer (Rotman School of Management) prolonga la partida a nueve días.
- ¿Necesito dominar la tecnología para empezar?
- No. Basta con recorrer la plataforma por tu cuenta antes de la sesión y tener una actividad alternativa preparada por si algo falla.
- ¿Hay que calificar la simulación?
- Los docentes y guías citados recomiendan darle algún peso en la nota para que el grupo la valore, pero evaluar sobre todo la calidad de las decisiones y la reflexión, no únicamente quién quedó primero.
- ¿Funcionan con estudiantes que saben poco del tema?
- Sí, con apoyos. El metaanálisis de Múnich mostró que quienes llegan con menos conocimiento previo aprovechan más la experiencia cuando reciben ejemplos.
Fuentes
Cameron Conaway. Consejos para enseñar con simulaciones por primera vez. Inspiring Minds / Harvard Business Impact, junio de 2025.
Chernikova, O., Heitzmann, N., Stadler, M., Holzberger, D., Seidel, T. y Fischer, F. (2020). Simulation-based learning in higher education: A meta-analysis. Review of Educational Research, 90(4). doi.org/10.3102/0034654320933544
Rudolph, J. W., Raemer, D. B. y Simon, R. (2014). Establishing a safe container for learning in simulation: The role of the presimulation briefing. Simulation in Healthcare, 9(6). doi.org/10.1097/SIH.0000000000000047
Adams, W. K., Paulson, A. y Wieman, C. E. (2008). What levels of guidance promote engaged exploration with interactive simulations? Physics Education Research Conference.
Sauder School of Business, Universidad de British Columbia. Sauder Teaching Playbook: Simulations.
Penn State Brandywine. Perfil de Julie Stanton y su libro sobre simulaciones de juego de roles (2020).
Marketplace Simulations. Caso del curso GettingItDone de John O'Dwyer, Rotman School of Management.