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Exsim: El simulador de IESE y Eureka Simulations que hace llorar a los MBA

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Una semana, docenas de decisiones bajo presión y una empresa ficticia que se siente absolutamente real. Así funciona EXSIM, la simulación empresarial que lleva décadas transformando la forma en que se enseña liderazgo en una de las escuelas de negocios más prestigiosas del mundo.

Hay un momento en EXSIM que lo cambia todo. Los participantes llevan horas tomando decisiones, ajustando precios, negociando con proveedores, dimensionando fábricas. Hasta ese punto, todo se siente como un videojuego sofisticado. Competitivo, sí. Exigente, también. Pero una experiencia al fin.

Entonces llegan los consejeros.

Tres personas con trayectoria directiva real se sientan frente al equipo y piden explicaciones. Quieren entender la estrategia, los números, las decisiones que llevaron a ese resultado. Lo que cambia el ambiente en el salón de clases, el juego deja de ser un juego. La reputación personal entra en la ecuación. La presión se vuelve visceral.

"Se olvidan de que aquello es un videojuego y empiezan a pensar que su imagen está en juego", explica Alejandro Lago, profesor de IESE Business School y uno de los arquitectos de esta simulación. "Cambia totalmente la dinámica."

EXSIM no es un simulador empresarial más. Es una inmersión de una semana completa donde equipos de estudiantes de MBA, ejecutivos de programas como el PDD (PDD IESE: Programa de Desarrollo Directivo | IESE Business School) o participantes del MIM (MiM - Master in Management | IESE Business School) asumen roles directivos con un grado de detalle que resulta, en palabras de quienes la han vivido, "apabullante". Más de 20 informes por ronda. Periodos de cuatro meses divididos en quincenas. Decisiones que van desde lo estratégico hasta lo minuciosamente operativo. Y un reloj que no se detiene.

De tarjetas perforadas a motines en el aula

La historia de EXSIM comienza décadas atrás, cuando un profesor llamado Josep Valor vio algo prometedor en el MIT a finales de los años setenta. Trajo la idea a IESE, donde se ejecutaba con papel y un ordenador que procesaba tarjetas perforadas. El formato era tan costoso que eventualmente se abandonó.

Fue un estudiante doctoral mexicano quien rescató el concepto. En el IPADE, la escuela de negocios hermana en México, profesores como Miguel León y Miguel Estrada desarrollaron una plataforma tecnológica y diseñaron una dinámica de una semana completa. Cuando IESE decidió retomar el proyecto, le añadió una capa que lo transformó por completo: la dimensión humana.

"Nosotros dijimos: esto no solo va de la simulación. La simulación es la herramienta", recuerda Lago. "¿Cómo le damos un envoltorio vivencial donde la simulación sea la excusa para que la gente se sienta directivo durante toda una semana?"

Esa vivencia incluye negociaciones con bancos ficticios, reuniones con sindicatos, consejos de administración integrados por alumni de IESE, un periódico interno, una radio, una agencia aseguradora. Y eventos inesperados que sacuden los planes más cuidadosos, desde accidentes laborales hasta crisis que obligan a replantear toda la estrategia.

Cuando el juego se vuelve demasiado real

Las anécdotas que acumula EXSIM después de tantos años revelan hasta qué punto la inmersión funciona. Lago recuerda a un participante corpulento que rompió a llorar cuando la simulación recreó la muerte de un trabajador en un accidente laboral y una actriz interpretando a la viuda se presentó ante el equipo directivo.

Ha habido motines contra directores generales. Equipos enteros que presentaron su renuncia colectiva. Personas que, al provocar un error que hundió los resultados de su compañía, pidieron que los suspendieran solo a ellos para proteger a sus compañeros.

"Aflora lo más auténtico de cada persona", dice Lago sin disimular cierta satisfacción. Y admite que en ocasiones el equipo docente ha tenido que "tirar un poco para atrás", consciente de que la carga emocional puede cruzar una línea.

Lo que resulta revelador es que, a pesar de esa exigencia, los participantes quieren más. Cuando la última ronda termina, la broma recurrente de los profesores es anunciar que hay un periodo adicional abierto. Las reacciones son siempre contradictorias: alivio mezclado con algo que se parece mucho a la nostalgia.

Cuando IESE decidió retomar el proyecto, le añadió una capa que lo transformó por completo: la dimensión humana.

La arquitectura invisible que lo hace funcionar

Lo que distingue a EXSIM de otras simulaciones de negocios no es solo la tecnología. El profesor Alejandro lo explica a través de tres ejes: inmersión, riqueza de la decisión y dinamismo. La mayoría de los simuladores disponibles en el mercado privilegian uno o dos de estos ejes, la herramienta intenta maximizar los tres simultáneamente.

Lago es enfático en un punto que considera crucial. En muchas simulaciones empresariales, aunque los participantes se distribuyan en roles funcionales (director de marketing, de operaciones, de finanzas), el alcance de cada función no es suficiente para impedir que todos acaben tomando todas las decisiones en grupo. En EXSIM, el diseño deliberado de la granularidad obliga a cada rol a sumergirse en su propio territorio. El director de operaciones no puede estar mirando las decisiones de marketing porque tiene demasiado que gestionar en su área.

Esa saturación es intencional. No se trata de enseñar operaciones o finanzas como disciplinas aisladas. Se trata de recrear la tensión fundamental del liderazgo: el conflicto permanente entre gestionar el detalle del día a día y mantener una visión estratégica de largo plazo.

"Cuando los primeros profesores de IESE vieron la simulación, muchos dijeron que era un ejercicio de operaciones y finanzas operativas", recuerda Lago. "Yo les decía: no lo han entendido. Utilizo esa densidad de decisiones como herramienta para que cada directivo esté saturado y no pueda dedicar tiempo a coordinarse con los demás. Esa es la lección."

Y cuando alguien falla, el fallo tiene nombre y apellido. No se diluye en el grupo. El equipo tiene que gestionar esa frustración, decidir cómo responde el director general, procesar la fricción entre quien ejecutó bien su parte y quien cometió el error. Él lo considera uno de los aprendizajes más valiosos de toda la semana.

La amenaza silenciosa de la inteligencia artificial

Hay algo que preocupa a Alejandro Lago y que revela un desafío emergente para toda la educación ejecutiva, en los últimos dos años ha notado que los directores de operaciones dentro de la simulación sufren notablemente menos. Su sospecha: están usando herramientas de inteligencia artificial para resolver las tareas operativas que antes los desbordaban. El dimensionamiento de la fábrica, los cálculos de capacidad, las decisiones de aprovisionamiento que solían generar estrés y errores ahora se resuelven pasándole las condiciones a un modelo de IA.

"Para competir contra eso, que reduce la carga de trabajo que tienen que hacer, tienes que abrir el escalón", dice. Su visión de futuro incluye dos evoluciones. La primera: introducir bots de inteligencia artificial que permitan decisiones abiertas en tiempo real, como diseñar campañas de publicidad que sean evaluadas cualitativamente por agentes de IA que simulen clientes reales, en lugar de simplemente asignar un presupuesto numérico.

La segunda es más ambiciosa: pasar de un sistema de rondas discretas a un flujo continuo donde cada hora represente un mes y las decisiones se tomen prácticamente sin pausa. Aunque reconoce que eso "liaría parda de verdad", pero argumenta que es necesario para mantener el grado de realismo que la IA amenaza con erosionar.

Una inversión que se paga en reputación

La edición más reciente de EXSIM batió récords: 226 participantes organizados en 30 equipos. Los profesores terminaron la semana, según testimonio directo, "reventados". Porque esta simulación de Eureka Simulations no es solo demandante para los estudiantes. El equipo docente pasa 12 horas diarias durante toda la semana monitoreando, generando situaciones imprevistas, ajustando las condiciones del juego y, cuando es necesario, decidiendo si rescatar a un equipo que cometió un error catastrófico o dejarlo aprender de la caída.

El argumento definitivo lo encuentra en las palabras de los propios participantes. Cuando alguien termina EXSIM y dice que fue lo mejor de todo su MBA.

Lago reconoce que la inversión inicial para cualquier escuela que quiera implementar algo similar es significativa porque no basta con dominar la plataforma tecnológica , lo verdaderamente difícil es construir la dinámica humana que convierte un simulador en algo memorable. Pero sugiere un camino incremental: comenzar con la versión básica, con los propios profesores haciendo el rol de consejeros, e ir incorporando gradualmente los elementos que elevan la inmersión.

El argumento definitivo lo encuentra en las palabras de los propios participantes. Cuando alguien termina EXSIM y dice que fue lo mejor de todo su MBA, o cuando un ejecutivo confiesa que la simulación le hizo replantearse si realmente quiere ser CEO, Lago sabe que el esfuerzo se justifica.

"Imagínate que voy ahora al MBA y digo que hemos decidido que esto es muy oneroso y que no lo vamos a hacer más", dice con una sonrisa que sugiere que conoce exactamente la reacción que provocaría. "Saltarían todas las alarmas. Vendría el director general a torcerme el brazo."

En una era donde la inteligencia artificial promete simular prácticamente cualquier cosa, EXSIM demuestra una paradoja: la simulación más poderosa sigue necesitando personas reales que hagan llorar, frustrarse, rebelarse y, eventualmente, descubrir algo sobre sí mismas que ningún algoritmo podría enseñarles.

EXSIM está disponible a través de IESE Publishing y Eureka Simulations para escuelas de negocios y programas de formación ejecutiva interesados en incorporar la simulación a sus programas académicos.

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Diana Gutiérrez is a passionate journalist focused on business education and innovation, exploring how technology is transforming learning and leadership. She manages editorial content for Eureka Simulations and Pro Evaluation System (PES), and holds a degree in Social Communication and Journalism from Los Libertadores University.